Hacia una nueva inteligencia emocional en las aulas.

Antonio Beltran Pueyo. Publicado el dia 24-10-2016

Hacia una nueva inteligencia emocional en las aulas.

Desde que nacemos, las personas nos encontramos en constantes situaciones de cambio. Una de las razones reside simplemente en el concepto evolutivo, que encierra el hecho de vivir en sociedad. Sea cual sea la circunstancia de la que partamos, siempre existen nuevos desafíos y retos que lograr. Crecer en sociedad también es crecer en aprendizaje.

Hasta el momento, se ha hecho mucho hincapié en la adquisición formal de habilidades, competencias y formación con el fin de facilitar la adquisición de conocimientos con los que atender la realidad cotidiana. Actualmente hemos llegado a un punto de tal saturación de roles, procesos y situaciones diarias, que las personas podemos llegar a vivir auténticos conflictos de necesidades personales y sociales.

El equilibrio vital se produce cuando la persona y los grupos con los que convive, experimentan nuevas habilidades para poder afrontar cuanto acontece de un nuevo modo. Ganar en flexibilidad, supone una oportunidad para aprender a diagnosticar cualquier acontecimiento vital desde perspectivas diferentes. Surge así la capacidad innata del ser humano para avanzar y progresar a partir de la gestión de su propio aprendizaje.

Hablar de inteligencia emocional, supone hablar de necesidades humanas y de cómo las articulamos en cada aspecto que atendemos en nuestra vida diaria.

A menudo, las personas tenemos que elegir entre satisfacer unas necesidades básicas u otras. El hecho de existir escasez de recursos, conocimientos o habilidades emocionales para atenderlas, puede crear situaciones de malestar dentro de los procesos de aprendizaje de las personas y los grupos que forman.

Pero, ¿Cómo podemos potenciar la inteligencia emocional en nuestras aulas?

El aprendizaje, supone la incorporación de nuevas herramientas y mecanismos con los que abordar la realidad cotidiana. No obstante, además de la adquisición de un conocimiento técnico, el aprendizaje también requiere implicar a las partes integrantes de cualquier proceso educativo, en una visión llena de perspectivas sobre la realidad de las cosas.

Para poder provocar estados reales de aprendizaje, necesitamos hacer un breve autoexamen, incluso de nuestra propia actitud como docentes. De forma natural, nuestras propias creencias personales nos llevan a determinar el modo con el que juzgamos e interpretamos las cosas. Queramos o no, aprender a ver las cosas con nuevas perspectivas, nos permite generar un clima abierto a la flexibilidad y confianza dentro de nuestros espacios de aprendizaje.

¿Cuáles son las claves para lograrlo? Pasemos a verlo:

h1.Clave primera. El pasado como vía de integración personal y social.

A lo largo de la vida, las personas vamos adquiriendo patrones de comunicación adaptables a nuestro entorno. El primer lugar donde ocurre esto, suele ser en el seno de nuestras familias. Más adelante, a través de la propia inmersión en los programas educativos correspondientes a cada una de las etapas de nuestra vida, vamos adquiriendo nuestros propios hábitos y juicios sobre la forma de pensar y actuar en la vida.

Aprender del pasado, supone reconocer que nunca podremos cambiar lo que entonces ocurrió. Sin embargo, el hecho de abrazar todos esos momentos de nuestra existencia y el aprendizaje que con ellos trajeron, nos permite abrirnos a nuevas formas de entender la vida y afrontar nuestra propia realidad inmediata.

Clave segunda. Arriesgarnos a vivir con lo que hay, aceptando con flexibilidad y criterio propio, nuestros propios sentimientos y pensamientos.

Todas las personas tenemos un mecanismo natural de defensa con el que poder activar recursos y habilidades para atender nuestras tareas y objetivos viales.

Vivir el presente nos permite entender que sólo podemos atender aquello que ahora está en nuestras manos. Cuando las personas aprendemos a centrarnos en el aquí y en el ahora, vivimos con total apertura a la realidad presente y lo que nosotros somos y suponemos para la sociedad de la que formamos parte.

Clave tercera. Aprovechar nuestros propios sueños como vía de motivación y refuerzo positivo.

A la hora de fomentar espacios de aprendizaje, se ha comprobado que podemos ganar mucha eficacia en nuestra labor como docentes cuando centramos los procesos educativos en las auténticas fuentes de motivación e ilusión de cada persona.

Tomar contacto con lo que hay en cada uno de nosotros, nos permite explorar nuevos recursos y diagnosticar nuestras propias fortalezas, así como los mecanismos de mejora personal.

Aprender a vivir el presente mirando al futuro, nos coloca en una posición de perspectiva ante cualquier situación que pueda acontecer. De este modo, la labor educativa se convierte en un simple mecanismo de retroalimentación y mejora constante para cada una de las personas de nuestros grupos de trabajo.

Hacia un nuevo universo educativo.

Nuestra sociedad contemporánea demanda grandes dosis de talento con las que afrontar los desafíos y retos cotidianos. En este sentido, la educación puede usar una gran fuente de aprendizaje y evolución humana. Para ello, necesitamos aprender a integrar el aprendizaje formal dentro de contextos informales de trabajo. De este modo, el propio manejo de las emociones y nuestros mapas de creencias favorecerá estados de apertura hacia el aprendizaje constante.

Necesitamos que las personas aprendan a crecer en identidad a la vez que lo hacen en libertad. Favorecer la cohesión de grupo, nos lleva a entender que existe otro modo de abordar la relaciones humanas. Aquel lugar en el que hay cabida para la propia identidad personal a la vez que la del desarrollo del talento natural de un grupo con cada uno de sus miembros.

La relaciones humanas, constituyen una gran fuente de bienestar. Sin embargo, ante la falta de recursos y la escasez de medios, los seres humanos podemos entrar en conflictos de necesidades tanto personales como sociales.

La educación nos lleva a esos estados donde cualquier persona puede descubrir nuevas herramientas personales con las que trabajar y crecer en riqueza hermana, material y social. Educar nos lleva a facilitar el progreso social, material y humano. Permitimos de este modo, generar contextos sociales en los que realmente acaba importando el respeto a los valores humanos.

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